Durante un Baño de Sonido o una sesión de Sanación con Sonido es relativamente frecuente que aparezcan imágenes, recuerdos, símbolos o la sensación de conectar con personas, lugares o momentos significativos de la propia vida.
Para mí, estas imágenes no constituyen el centro de la experiencia.
Son portales. Puertas que permiten acceder a espacios internos que habitualmente permanecen ocultos.
Lo que realmente importa no es la imagen en sí misma, sino el estado de consciencia que se revela a través de ella.
Una misma experiencia puede despertar una profunda sensación de calma, una confianza que parecía olvidada, una apertura del corazón, una claridad inesperada o una vitalidad que la persona hacía tiempo que no sentía.
Estas vivencias no provienen de la imagen.
La imagen simplemente actúa como un lenguaje a través del cual pueden ser reconocidas.
Por eso, dos personas pueden vivir experiencias completamente diferentes y, sin embargo, reconocer exactamente lo mismo.
No es el contenido lo que transforma.
Es el reconocimiento.
Desde mi experiencia, el sonido facilita este proceso porque acompaña una forma de escucha muy diferente de la habitual. A medida que el cuerpo se relaja, la respiración se profundiza y la mente deja de controlar y de ocupar todo el espacio, emerge otra manera de escucharse: una forma más directa de percibir aquello que ya está sucediendo en nosotros.
Cuando esto ocurre, cuerpo, emoción, mente y energía parecen comenzar a hablar un mismo lenguaje.
No porque aparezca nada nuevo.
Sino porque, durante un instante, deja de haber tanta interferencia.
Es entonces cuando muchas personas experimentan lo que yo llamo un reconocimiento energético. No lo entiendo como la adquisición de una capacidad nueva, sino como el reconocimiento de una realidad innata que siempre había estado presente.
La calma no llega desde fuera.
La confianza no es introducida por el sonido.
El amor, la claridad o la presencia no son generados durante la sesión.
Lo que sucede es que la persona los reconoce dentro de sí misma.
Por eso las imágenes son importantes. No porque expliquen una historia. Sino porque abren una puerta.
Y, una vez atravesada esa puerta, la imagen ya no es necesaria.
Lo que permanece es el reconocimiento.
Quizá este sea uno de los aspectos más profundos de la Sanación con Sonido:
No tanto provocar experiencias extraordinarias, sino facilitar que la persona reconozca una manera de habitarse que, en realidad, siempre había estado disponible.