Las sesiones, mejor presenciales

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Esta es una pregunta que me hacen con frecuencia:
¿Es lo mismo escuchar un Baño de Sonido grabado que participar en una sesión presencial?
Mi respuesta es que no.

Una grabación puede ser una buena herramienta para relajarse, meditar o crear un espacio de calma en casa. Pero una sesión presencial ofrece una experiencia diferente.
No solo porque el sonido se escucha, sino porque también se percibe con todo el cuerpo. Las vibraciones de los instrumentos y de la voz atraviesan el espacio y muchas personas explican que las sienten físicamente, más allá del oído.

Pero, para mí, la diferencia más importante no es esa.
Es la presencia.

En una sesión compartimos un mismo espacio, un mismo silencio y un mismo instante. El facilitador permanece atento a lo que va necesitando el grupo y adapta la sesión de forma espontánea. Al mismo tiempo, se crea una cualidad de presencia compartida que difícilmente puede reproducir una grabación.

Cada sesión es única porque cada grupo también lo es.
Eso no significa que las grabaciones no tengan valor. Pueden tenerlo, y mucho. Simplemente cumplen una función diferente.

El sonido puede grabarse.
La presencia, no.

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